Alejandro Otero

Alejandro Otero, nació en El Manteco, estado Bolívar, el 7 de marzo de 1921. En 1939, a los 19 años, se traslada a Caracas y se inscribe en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas, destacándose ampliamente. A partir de 1940 inicia sus participaciones en los Salones Oficiales Nacionales.

En 1941 obtiene el Primer Premio y Mención Honorífica en el concurso de carteles Segunda Exposición del Libro Venezolano. En el transcurso del mismo año viaja a su tierra natal en unas vacaciones de gran importancia para él; al regresar, realiza su primera obra de importancia Paisaje de Los Flores.

A fines de 1945 Alejandro Otero parte a Europa, residenciándose durante algunos años en París donde comienza una nueva etapa de su creación pictórica, la cual se caracteriza por telas abstractas que tienen como protagonista principal objetos cotidianos como cafeteras, botellas, tazas, cacerolas, potes, palos, lámparas, candelabros y otros. Objetos que se van ‘desnaturalizando’ gradualmente, hasta convertirse en delicadas líneas referenciales que pueden ser interpretadas libremente por el espectador. Durante su primera estancia en París participa en varias exposiciones, obteniendo buenas críticas sobre su obra.

En 1948, realiza en Washington su primera muestra individual, que luego trae a Venezuela, ocasionándose en torno a ella una amplia polémica. Al año participa en el X Salón Anual de Arte Venezolano, produciéndose un empate entre una de sus Cafeteras y una tela de Ramón M. Durbán. Al cabo de varios días el jurado se decide por la obra de Durbán dando lugar a otra polémica nacional que expresa una amplia producción intelectual acerca de las manifestaciones artísticas, que por parte de Otero se extenderá y profundizará a través de los años. Dicha producción lo impulsa, en 1950, a fundar junto a varios artistas venezolanos radicados en París el grupo Los Disidentes, quienes editan una revista de la que circulan sólo 5 números.

Entre 1950 y 1951 Otero atraviesa por un difícil proceso pictórico que da como resultado las obras tituladas Líneas coloreadas sobre fondo blanco, que consisten en telas casi vírgenes impregnadas de pocas líneas de colores acompañadas de emplastes blancos. En estos cuadros Otero buscaba un nuevo espacio para ‘finalizar’ definitivamente con las Cafeteras.

En 1951, bajo la influencia de Piet Mondrian, Alejandro Otero inicia una serie de trabajos con la técnica del collage: Las composiciones ortogonales, que consisten en bandas de colores dispuestas en sentido horizontal y vertical formando una retícula; en estas obras Otero ‘descubre’ nuevos planteamientos del espacio que lo impulsan hacia la arquitectura y los espacios urbanos, los cuales abordará algún tiempo después. Un año más tarde regresa a Caracas y participa en el gran proyecto de Integración de las Artes a la Arquitectura, del arquitecto venezolano Carlos Raúl Villanueva, con el cual trabajará en la realización de policromías y murales de edificios como el Anfiteatro José A. Lamas (1953), las facultades de Ingeniería, Arquitectura, Farmacia y Biblioteca de Ingeniería, todas en la Universidad Central de Venezuela, realizadas entre 1956 y 1959. Alejandro Otero no se limitó a elaborar obras para la UCV sino que realizó muchas otras para edificios públicos y privados de nuestra capital y del interior del país.

En 1955 inicia un nuevo ciclo de trabajo con Los coloritmos, que se caracterizan por ser bandas blancas y negras entre las que se destacan formas de colores contrastantes, puros y brillantes. Del 55 al 60 Los coloritmos fueron sometidos a un proceso de variación que implicó elaborar 75 ducos sobre madera en los que el color, la forma y el ritmo cambiaron considerablemente. Un año más tarde, el Museo de Arte Moderno de New York, adquirió el Coloritmo N° 1 y en 1958 el Premio Nacional de Pintura se le otorgó al Coloritmo N° 68.

La polifacética obra de Otero le permitió diseñar dos escenografías de teatro para el Ateneo de Caracas entre 1957 y 1958.

En 1959 es designado Coordinador del Museo de Bellas Artes, al año siguiente regresa a París e inicia un nuevo ciclo en su obra; esta vez realiza unas Telas blancas aunque con gran textura, que fueron evolucionando hasta transformarse en ejercicios de texturas o aproximaciones a la materia plástica. Más adelante, inicia trabajos en los que adhiere desechos de objetos cotidianos a telas monocromas que se titularon Ensamblajes y encolados y que estaban influenciados por el Nuevo Realismo, movimiento plástico dominante en Francia en ese momento.

En 1964 regresa a Venezuela, obteniendo en el XXV Salón Oficial de Arte Venezolano el Premio Nacional de Artes Aplicadas (Esmalte); premio compartido con la artista Mercedes Pardo; es nombrado Vice-Presidente del Inciba donde desarrolla una gran labor. Inicia un nuevo período Papeles coloreados, en los que utiliza recortes de papel periódico coloreados, realizando collages de gran rigor constructivo. De este período Otero expresó: “Cortaba los periódicos en formas sencillas: Cuadrados y rectángulos alargados”; con estos recortes realizaba composiciones bastante constructivas que recuerdan mucho a los Coloritmos, pero sin hacer repeticiones.

En 1966 la Galería Signals, de Londres, realiza una retrospectiva de Alejandro Otero. Un año más tarde, encamina su obra hacia un nuevo período, esta vez creando obras a escala cívica, al desarrollar sus Estructuras espaciales, entre las que podemos mencionar: Integral Vibrante y Torre Acuática, que son parte del proyecto la Zona Ferial, de El Conde, ideado por Otero en el marco de la celebración de los 400 años de la Fundación de Caracas. Al año se instala en Maracay su primera estructura cívica Vertical Vibrante Oro y Plata.

En 1971 Otero recibe la Beca Guggenheim para estudiar en el Centro de Estudios Visuales Avanzados del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), donde con diversos equipos estudia la interrelación entre arte y ciencia en el mundo actual.

En 1974 emprende una serie de pinturas que bautiza como Tablones y que se presentan como una evolución de los Coloritmos, en los que los colores pasan al plano principal y las bandas negras desaparecen paulatinamente; para Alejandro Otero estas obras eran como un desarrollo de las Líneas de color sobre fondo blanco pero en los Tablones hay más espacialidad y puro color.

En 1975 Venezuela dona a Colombia la escultura Ala Solar que es colocada en Bogotá; Alejandro Otero junto a Manuel Espinoza y Miguel Otero Silva realizan el proyecto para la creación de la Galería de Arte Nacional y la Universidad de Texas presenta una exposición retrospectiva de su obra.

En 1976 lo nombran presidente de la Comisión Especial de Artes Plásticas del Consejo Nacional de la Cultura, el Museo de Arte Moderno de México organiza una retrospectiva sobre su trabajo plástico y el gobierno venezolano dona al pueblo de los Estados Unidos la escultura Delta Solar que es instalada en el Museo del Aire y del Espacio, en Washington, un año más tarde.

En 1977 la Corporación Olivetti decide poner en marcha un proyecto cultural cuyo objetivo principal era dar a conocer la creación artística de Otero; gracias a esto la Estructura Solar se expone en los jardines del Castillo Sforzesco, para instalarse definitivamente en el Palacio Olivetti, en Ivrea.

En 1982 participa en la XL Bienal de Venecia con dos esculturas a escala cívica: Aguja Solar y Abra Solar; esta última se convirtió en el símbolo sentimental de la Bienal. El cineasta Ángel Hurtado culmina la filmación del video Delta Solar, reflejo de las cuatro estaciones. Un año más tarde es instalada definitivamente en la Plaza Venezuela la obra Abra Solar y en la sede principal de Interalumina, Ciudad Guayana, es colocada Aguja Solar.

En 1984 el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas realiza una gran exposición retrospectiva en cuya organización y montaje Alejandro Otero tiene una amplia participación. Dos años después se levanta en la Represa del Guri la Torre Solar, estructura de 50m de altura por 53m de diámetro, la cual se convierte en la mayor obra a escala cívica realizada por este artista. En 1987 pasa a formar parte del equipo de investigadores del Centro Científico IBM de Venezuela; el resultado de sus estudios en dicho centro será publicado tiempo después (1989) en el libro Saludo al siglo XXI.

En 1990 Alejandro Otero publica un artículo de prensa titulado Solo quisiera ser puntual, con el que obtiene el Premio Fundación Henrique Otero Vizcarrondo. El 13 de agosto de ese año fallece en Caracas a los 69 años de edad.

Ese mismo año, en homenaje a su memoria y como reconocimiento a su extraordinaria trayectoria artística, por orden de la Presidencia de la República se crea el Museo de Artes Visuales Alejandro Otero, institución que desde su creación tuvo como uno de sus objetivos principales el estudio y la difusión de la obra artística del destacado artista.

El Museo Alejandro Otero se dedica a investigar la obra de éste artista plástico nacional para darla a conocer a todas las instancias de la vida pública nacional e internacional.

Grecia Salazar / Museólogo